miércoles, 4 de agosto de 2010

BEATRIZ PALACIOS: UN ALMA JUSTICIERA

Por: Luis Mérida

Beatriz Palacios se marchó de esta patria en julio del año 2003. Amó entrañablemente a esta tierra con frenesí y deleitación de artista. Ella era el pueblo y el pueblo se encarnó eternamente en esta mujer que dejó su cuerpo lleno de luz en la ciudad de la Habana.

Su memoria era la de un documentalista; su cedula de identidad le confería la Gran Patria Latinoamericana. El ICAIC de la Habana Cuba la calificó como “una personalidad cardinal en la configuración definitiva del nuevo cine boliviano indisolublemente ligada a la filmografía de Jorge Sanjinés, a quien estuvo unida”.

Beatriz hizo cine y documentó la historia de la resistencia, mostró el coraje del pueblo, filmó acciones fraticidas, otorgándole a su trabajo documental un tratamiento ficcionado. Su película Las Banderas del amanecer fue una gota de luz para el nuevo amanecer de la patria humillada por las dictaduras.

No tuvo miedo, era valiente, fue perseguida política, junto a su marido y compañero. Fue constructora de la Fundación Ukamau, grupo que liderizó la producción del cine boliviano los años 60 - 70 – 80 - .

Hizo dirección, trabajó en producción, guión, pedagoga y gran difusora en los pueblos originarios del cinema novo. Con sus fotogramas aportó a la creación de la nueva estética, siendo engranaje central en la propuesta de un cine para el pueblo; es decir: “la creación de un cine pedagógicamente liberador, políticamente movilizador y centralmente antiimperialista”.

Beatriz fue la arquitecta del Movimiento del Nuevo cine y Video Boliviano, fue una organizadora cabal, una relacionadora espiritual que posibilitó el encuentro de los trabajadores de la imagen bolivianos de los 80 y 90. Nos presentó y nos convirtió en grandes amigos de la vida.

También ella fue la instancia de legitimación internacional para que Cochabamba sea sede del II Encuentro Latinoamericano de Video el año 1989.

Evento que tuvo gran éxito organizativo, instancia a la que asintieron una enorme cantidad de trabajadores de la imagen de nuestra América.

Beatriz fue discípula y amiga del director de cine, poeta y creador de maravillas Fernando Birri, primer documentalista del continente, quien fue un acicate para la realización de los sueños de esta mujer tan profundamente enraizada al origen de esta patria.

Beatriz se marchó sin despedirse, murió besando territorio cubano, país que la recibió desde los años 70 con los brazos abiertos y las cámaras encendidas para realizar sus quimeras y sus aventuras. País a la que amó como su segunda patria.

Sus años finales los dedicó a la creación de la Escuela de Cinematografía de los Andes. Como mujer su lucha la hizo con espíritu sutil y alma perseverante. Su mente la dedicó al quehacer audiovisual y al periodismo.

Su vida y su obra están escritas en las hojas de la memoria del cine mundial. Sus imágenes fueron vistas en varias partes del mundo, recibiendo diferentes premios y pergaminos para Bolivia.

Beatriz llevaba en la sangre la metáfora aymará, conocía el alma andina. Nos dejó un modelo de cine comprometido con una estética política: era un cine critico, un cine creativo: un cine Latinoamericano.

Su imagen esta llena de mundo. Un homenaje para su ausencia en una guerrillera flor de nuestra Juana Azurduy depositada en su memoria.

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